Inteligencia artificial y consumo: tres de cada diez argentinos delegarían sus compras por completo

Un estudio revela que el 30% de los consumidores está dispuesto a permitir que una herramienta de inteligencia artificial elija, compare y concrete una compra. La comodidad abre nuevas posibilidades, pero también plantea interrogantes sobre la información, el uso de datos personales y la responsabilidad ante errores.

La inteligencia artificial ya no se utiliza solamente para responder preguntas o buscar información. Cada vez más personas recurren a estas herramientas para comparar precios, analizar productos y decidir qué comprar. El próximo paso, que ya comienza a aparecer, es permitir que la propia tecnología complete la operación.

Según datos del informe Consumer Pulse de Bain & Company difundidos recientemente, el 72% de los consumidores argentinos incorpora herramientas de inteligencia artificial en su vida cotidiana. El 55% las utiliza para buscar información y el 47% para educación o formación.

En el terreno del consumo, el 41% confía en la IA durante las primeras etapas de investigación de servicios y precios, mientras que un 36% la emplearía para recibir asistencia y seleccionar productos. El dato más significativo es que el 30% estaría dispuesto a concretar sus compras exclusivamente mediante estas herramientas.

De recomendar a decidir

Este nuevo modelo se conoce como comercio agéntico. A diferencia de los asistentes que únicamente presentan opciones, los agentes de inteligencia artificial pueden actuar con cierto grado de autonomía: buscan, comparan, seleccionan y hasta ejecutan una compra en representación del usuario.

Una indicación como “comprá los productos más económicos para abastecer la heladera durante una semana” podría reemplazar la tarea de visitar distintas páginas, comparar precios, revisar promociones y elegir cada artículo.

Bain estima que, solamente en Estados Unidos, el comercio realizado mediante agentes de IA podría representar entre el 15% y el 25% de las ventas electrónicas para 2030, con un mercado de entre 300.000 y 500.000 millones de dólares. ⁠⁠

La automatización puede ahorrar tiempo y facilitar la comparación. Sin embargo, también puede reducir la participación consciente de la persona en una decisión que involucra dinero, datos personales y aceptación de condiciones comerciales.

¿La IA elige realmente la mejor opción?

Que una herramienta recomiende un producto no significa necesariamente que sea el más conveniente para el consumidor. La selección puede depender de los datos disponibles, acuerdos comerciales, publicaciones patrocinadas, reseñas, disponibilidad de stock o criterios que la persona desconoce.

Por eso resulta fundamental saber:

  • qué productos fueron comparados;
  • qué criterios utilizó el sistema;
  • si alguna opción fue priorizada mediante publicidad;
  • cuál es el precio final, incluyendo envío, impuestos y cargos adicionales;
  • qué datos personales y financieros utiliza la herramienta;
  • y cómo se puede cancelar, devolver o reclamar por la compra.

En Argentina, la Ley 24.240 establece que los proveedores deben brindar información cierta, clara y detallada sobre las características esenciales de los productos y servicios y sobre las condiciones de comercialización. Esa obligación continúa vigente aunque la operación sea realizada mediante una plataforma o un agente automatizado.

También debe garantizarse información clara, precisa, suficiente y de fácil acceso durante todo el proceso de una transacción electrónica. ⁠

Desde esta perspectiva, puede inferirse que una empresa no debería desligarse de su responsabilidad argumentando que la elección fue realizada por un algoritmo. El consumidor conserva sus derechos y el proveedor sigue obligado a informar, respetar la oferta y responder ante incumplimientos.

Los datos personales también forman parte de la compra

Para elegir en nombre de una persona, la inteligencia artificial puede procesar información sobre sus hábitos, ingresos, ubicación, marcas preferidas, historial de búsquedas y medios de pago.

La Agencia de Acceso a la Información Pública advierte que los sistemas de inteligencia artificial también pueden inferir datos a partir de la información disponible y recomienda prestar atención a la privacidad y al tratamiento de los datos personales.

Antes de habilitar compras automáticas, es recomendable limitar los montos, exigir una confirmación final, revisar los permisos concedidos y evitar guardar datos de tarjetas en herramientas cuya seguridad o procedencia no resulte clara.

La decisión final debe seguir en manos del consumidor

La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil para comparar alternativas y detectar mejores precios. Pero delegar completamente una compra también implica ceder información y capacidad de decisión.

La comodidad no debe significar perder el control. Toda persona tiene derecho a conocer por qué se le recomienda un producto, cuánto terminará pagando, quién utilizará sus datos y ante quién deberá reclamar si algo sale mal.

Antes de permitir que una inteligencia artificial compre por vos, revisá la elección, verificá el precio final y confirmá que realmente responda a tus necesidades. La tecnología puede asistir la decisión, pero los derechos del consumidor no se delegan.