El costo de la luz, el gas, el agua y el transporte volvió a crecer por encima de los ingresos. En julio, una familia del AMBA necesitó casi $296.000 para cubrir esos servicios y el peso sobre el salario prácticamente se duplicó respecto de 2023.
El aumento de las tarifas continúa ganando terreno dentro del presupuesto familiar.
Durante julio de 2026, la canasta de servicios públicos del AMBA alcanzó los $295.826, un 4,6% más que el mes anterior y un 53% por encima de julio de 2025. El dato surge de estimaciones del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet.
El problema no es solamente cuánto aumentan las facturas, sino cuánto representan hoy frente a los ingresos.
Según el IIEP, esa canasta equivale aproximadamente al 15% de un salario promedio registrado, estimado en $1.924.456. Un año atrás ese mismo ingreso permitía cubrir 7,8 canastas de servicios; ahora alcanza para 6,5.
El transporte concentra la mayor parte del gasto
Dentro de la canasta, el transporte volvió a ser el rubro de mayor peso.
Representa alrededor del 41% del costo total, por encima de la electricidad, el gas y el agua. Ya en junio, el gasto en transporte explicaba casi la mitad de la presión de los servicios sobre el bolsillo de los hogares.
A esto se sumaron en julio el mayor consumo estacional de energía y nuevos ajustes tarifarios. La electricidad registró una suba mensual del 12,5% y el gas del 5,2%, impulsados tanto por aumentos de cargos como por el mayor consumo durante el invierno.
Tarifas que corren más rápido que los precios
La comparación desde diciembre de 2023 muestra la magnitud del cambio.
La canasta de servicios públicos del AMBA acumula un incremento cercano al 966%, mientras que el nivel general de precios habría aumentado alrededor del 241% en el mismo período.
El Instituto Argentina Grande también viene señalando que los servicios públicos aumentaron muy por encima de los salarios. En enero de este año, por ejemplo, calculaba una suba acumulada del 461% en servicios frente a un 252% en salarios desde fines de 2023.
El resultado es una pérdida concreta de ingreso disponible: aunque el salario nominal aumente, una porción cada vez mayor debe destinarse a pagar gastos que no pueden evitarse.
El impacto no es igual para todos
El aumento de tarifas golpea con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos.
Distintos relevamientos muestran que, en algunos sectores, el pago de luz, gas, agua y transporte ya puede superar el 20% del ingreso familiar, profundizando una desigualdad que no se refleja cuando se observa únicamente el promedio.
La reducción de subsidios y los cambios en los mecanismos de segmentación también modificaron cuánto paga cada hogar y cuánta asistencia recibe del Estado.
Cuando pagar los servicios deja menos para vivir
La discusión tarifaria no puede reducirse únicamente a cuánto cuesta producir energía, transportar pasajeros o prestar un servicio.
Para las familias, el dato central es otro: cuánto queda del salario después de pagar aquello que no se puede dejar de consumir.
Cuando las tarifas crecen por encima de los ingresos, el ajuste termina trasladándose a otras decisiones cotidianas: alimentos, medicamentos, recreación, ahorro o consumo.
El peso creciente de los servicios sobre el salario muestra que la mejora de algunos indicadores macroeconómicos no necesariamente se traduce en una mejora del ingreso disponible.
Una tarifa puede ser técnicamente sostenible para el sistema y, al mismo tiempo, resultar difícil de sostener para el hogar. Ese equilibrio también debería formar parte de cualquier política de servicios públicos.
