Por primera vez, el consumo de carne aviar alcanzó los 47 kilos anuales por habitante y quedó por encima de los 46,7 kilos de carne vacuna. El bolsillo explica parte del cambio, pero también influyen las redes sociales y la búsqueda de dietas con más proteínas.
El pollo superó por primera vez a la carne vacuna en el consumo de los argentinos. Entre agosto de 2025 y julio de 2026, el consumo aparente alcanzó los 47 kilos de carne aviar por habitante, frente a los 46,7 kilos de carne bovina.
El dato surge de un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana IERAL. La diferencia de precios aparece como una de las principales causas: durante el período analizado, el valor de un kilo de carne vacuna equivalió, en promedio, al de 3,6 kilos de pollo entero.
Sin embargo, el bolsillo no es el único factor. La licenciada en Nutrición Silvina Minicucci. señaló que también existe una fuerte influencia de las redes sociales, donde se multiplican los consejos para aumentar el consumo de proteínas.
“Las proteínas son importantes, pero muchas veces su consumo se presenta de manera exagerada. También hay personas vinculadas a los gimnasios que se atreven a recomendar alimentos sin tener formación profesional”, advirtió.
¿El pollo tiene más proteínas?
La carne vacuna y el pollo contienen proteínas de buena calidad y en cantidades semejantes. Cada 100 gramos aportan, aproximadamente, entre 19 y 24 gramos, según el corte elegido.
La pechuga sin piel posee un perfil bajo en grasas, pero eso no significa que supere ampliamente a la carne vacuna ni que pueda reemplazarla de manera exacta.
Las principales diferencias aparecen en tres micronutrientes: hierro, zinc y vitamina B12. La carne vacuna generalmente los aporta en mayor cantidad.
El hierro interviene en el transporte de oxígeno y en el desarrollo cognitivo; su déficit puede provocar anemia. La vitamina B12 es fundamental para el funcionamiento del sistema nervioso y la formación del ADN, mientras que el zinc participa en el sistema inmunológico, la cicatrización y el desarrollo del gusto y el olfato.
Para obtener con pollo la cantidad de estos nutrientes presente en 100 gramos de carne vacuna puede ser necesario consumir una porción considerablemente mayor. La diferencia depende de la parte elegida: la pata y el muslo contienen más hierro, zinc y vitamina B12 que la pechuga.
Estas comparaciones no representan una recomendación de consumo, sino que permiten comprender que ambas carnes tienen propiedades diferentes y que no deben considerarse idénticas.
Atención con los chicos y los ultraprocesados
La variedad resulta especialmente importante durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que el hierro, el zinc y la vitamina B12 son fundamentales para el crecimiento y el desarrollo.
Por falta de tiempo, muchas familias recurren con frecuencia al pollo por ser práctico y accesible. El riesgo aparece cuando la alimentación se vuelve repetitiva o cuando se reemplaza la carne fresca por productos ultraprocesados que se presentan como elaborados “con pollo”.
Nuggets, medallones y otros productos listos para cocinar pueden contener una baja proporción de carne, además de rebozadores, grasas, sodio y otros ingredientes. La imagen saludable asociada al pollo no convierte automáticamente en saludable a cualquier producto que lo incluya. Por eso es importante revisar la lista de ingredientes y la información nutricional.
Cortes económicos que también alimentan
Consumir carne vacuna no implica elegir únicamente los cortes más conocidos y costosos. Paleta, osobuco, azotillo, tapa de nalga, bola de lomo, tortuguita o palomita pueden ser alternativas más accesibles.
Una cocción lenta, con humedad y durante el tiempo necesario permite obtener preparaciones tiernas y rendidoras. Como resume Minicicci: “No hay carnes duras, hay carnes mal cocinadas”.
Cuando el precio condiciona la alimentación
El avance del pollo refleja cómo los consumidores reorganizan sus compras frente al aumento de los precios. Pero sustituir un alimento por otro no siempre significa conservar el mismo aporte nutricional.
El pollo es nutritivo, accesible y una buena fuente de proteínas. La carne vacuna, por su parte, concentra mayores cantidades de hierro, zinc y vitamina B12. No se trata de enfrentar una con otra, sino de conocer sus diferencias y sostener una alimentación variada.
Los consumidores necesitan información clara para no quedar expuestos a recomendaciones sin respaldo profesional, publicidades engañosas o tendencias difundidas en redes sociales. También necesitan precios que les permitan elegir y no verse obligados a definir toda su alimentación únicamente por lo que alcanza a pagar el bolsillo.
Garantizar el acceso a alimentos variados, nutritivos y de calidad también forma parte de la defensa de los derechos de consumidores y usuarios.
