Cada vez son más las niñas y adolescentes que incorporan rutinas de skincare o cuidado de la piel como parte de su vida cotidiana. Lo que a simple vista puede parecer una práctica vinculada al “autocuidado”, en muchos casos se transforma en una obsesión temprana por la apariencia física, alentada por redes sociales, influencers y una industria cosmética que amplía su mercado hacia edades cada vez más tempranas.
Esta tendencia, conocida como cosmeticorexia, describe el uso excesivo, compulsivo e innecesario de productos cosméticos, muchos de ellos no recomendados para infancias. El fenómeno genera preocupación no solo por sus posibles consecuencias en la salud física, sino también por el impacto simbólico y social que produce en niñas y adolescentes.
Belleza, consumo y presión desde edades tempranas
“La generación alfa, a muy temprana edad, parece estar extremadamente preocupada por el cuidado de la piel y la belleza. Hoy vemos niñas que juegan a tener un spa, utilizan productos indicados para mujeres adultas y celebran cumpleaños atravesados por rituales estéticos”, advirtió Valeria Vaccaro, vicepresidenta de la Unión de Usuarios y consumidores de la filial de Rosario.
Según explicó, el mensaje que se transmite desde redes sociales y publicidad es claro: alcanzar una piel perfecta, joven y sin imperfecciones. “Antes estos productos estaban dirigidos a mujeres mayores de 40 años. Hoy el foco está puesto en niñas y adolescentes que comienzan a realizar procedimientos de cuidado de la piel que no son recomendables a edades tan tempranas”, señaló.
Este corrimiento del mercado no es casual. La industria cosmética, junto con el sector farmacéutico y quirúrgico, construye una cadena de consumo permanente, donde el malestar con el propio cuerpo funciona como motor para vender soluciones que se presentan como indispensables.
Influencers, publicidad y falta de información
Uno de los aspectos más preocupantes de esta tendencia es la falta de regulación sobre los contenidos que circulan en redes sociales. Influencers y creadores de contenido promocionan productos y tratamientos sin información clara, sin advertencias sobre riesgos y sin contemplar edades recomendadas.
“Se ofrecen productos que parecen inofensivos, pero también otros con un alcance mayor y potencialmente dañino para la salud. En muchos casos no hay información certificada ni advertencias claras”, alertó Vaccaro.
El uso temprano y excesivo de cosméticos puede provocar irritaciones, lesiones cutáneas y daños en la piel, que luego requieren más productos para intentar revertir esos efectos, reforzando un círculo de consumo difícil de romper.
Cosmeticorexia y derechos de las y los consumidores
La cosmeticorexia no es solo una problemática estética, sino también un tema de derechos de las y los consumidores, especialmente cuando involucra a infancias. La promoción de productos no necesarios, la publicidad engañosa y la ausencia de controles adecuados exponen a niñas y adolescentes a prácticas comerciales que priorizan el negocio por sobre la salud.
“Necesitamos una mirada crítica frente a lo que consumimos y a lo que se les ofrece a niñas y adolescentes. No todo lo que se publicita es necesario, ni saludable, ni inocente”, remarcó Vaccaro.
Desde la mirada del derecho al consumo, esta tendencia plantea interrogantes centrales sobre la responsabilidad de las empresas, las plataformas digitales y los mensajes que se difunden de manera masiva, muchas veces disfrazados de bienestar o autocuidado, pero orientados a generar insatisfacción y consumo permanente.
Desde la Unión de Usuarios y Consumidores advertimos sobre la necesidad de poner en discusión el impacto que tienen las prácticas comerciales y publicitarias orientadas a las infancias, especialmente cuando promueven consumos innecesarios que pueden afectar la salud y el desarrollo integral.
El acceso a información veraz, clara y adecuada a cada edad, así como la responsabilidad de las empresas y plataformas que difunden estos contenidos, son pilares fundamentales para garantizar derechos. Informar, prevenir y promover una mirada crítica frente al consumo forman parte del compromiso permanente de nuestra organización en defensa de las y los usuarios.
